Biomedicina

Este nuevo rico intenta expandir el cerebro humano al conectarlo a un ordenador

La neurotecnología promete ampliar las capacidades mentales humanas e incluso tratar graves trastornos psiquiátricos. Aunque será caro y difícil, Bryan Johnson está destinando millones a este sector

  • Lunes, 27 de marzo de 2017
  • Por Antonio Regalado
  • Traducido por Teresa Woods

Crédito: Keith Rankin.

El emprendedor Bryan Johnson afirma que quiere hacerse muy rico para hacer algo grande por la humanidad.

El año pasado, Johnson, fundador de la empresa de pagos en línea Braintree, saltó a las noticias cuando invirtió 93 millones de euros en Kernel, una start-up que fundó para mejorar la inteligencia humana mediante implantes cerebrales capaces de vincular los pensamientos de una persona con un ordenador.

Johnson no es el único que cree que la "neurotecnología" podría ser el próximo gran avance de la humanidad. Para muchos en Silicon Valley (EEUU), el cerebro parece una frontera sin conquistar cuya importancia eclipsa cualquier logro conseguido en la computación o la web.

Según los neurocientíficos, hay varias figuras del sector tecnológico recorriendo laboratorios por todo Estados Unidos en busca de tecnologías para fusionar la inteligencia humana con la artificial. Además de Johnson, Elon Musk ha estado coqueteando con una tecnología llamada "lazo neuronal". Según afirmó durante una conferencia celebrada en 2016, este concepto dará paso a "la simbiosis con las máquinas". Y durante una sesión de preguntas y respuestas en 2015, Mark Zuckerberg aseguró que la gente algún día podrá compartir "experiencias sensoriales y emocionales al completo", no sólo fotos. Facebook ha estado contratando neurocientíficos para un proyecto sin divulgar en Building 8, su misteriosa división de hardware.

Según todos estos tecnólogos, la computación sigue alcanzando nuevas alturas, pero nuestra capacidad de conectarnos con el silicio está atascada en la era del teclado. Incluso cuando hablamos con un programa informático como Alexa o Siri, la máxima información que se puede transmitir son unos 40 bits por segundo y sólo durante cortas ráfagas. Compare eso con la transferencia de datos a un billón de bits por segundo mediante un cable de fibra óptica.

"Es ridículamente lento", se quejó Musk.

Pero resulta que conectar el cerebro a una máquina no es tan fácil. Seis meses después de lanzar Kernel con gran bombo mediático, Johnson reconoce que ha abandonado sus planes iniciales de crear un "implante de memoria", ha cambiado de consejeros científicos, ha contratado un equipo nuevo y ha decidido invertir en una tecnología de uso más general para grabar y estimular el cerebro mediante electrodos.

Johnson dice que este cambio de rumbo intenta probar algo nuevo. "Si examinas las tecnologías que más contribuyen a la sociedad, las que tienen el mayor impacto, como cohetes, internet, biología, todas llegaron a un punto de transición desde la academia hasta el sector privado, y en general la neurociencia todavía no ha dado ese salto", señala Johnson. "El elemento más crítico es el momento, cuándo es el momento correcto para intentarlo", añade. 

Implantes de memoria

Después de hacer una fortuna con la venta de Braintree a eBay por casi 750 millones de euros en 2013, Johnson, que ahora tiene 39 años, pidió consejo a casi 200 personas sobre cómo invertir su nueva riqueza. Se decidió por la neurotecnología y el pasado mes de agosto anunció que fundaría Kernel y desarrollaría la primera prótesis neuronal para mejorar la inteligencia humana.

Pero el plan de negocio de Johnson era extremadamente ambiguo, y hasta un científico lo llegó a calificar de "metafísico". La página web de Kernel estaba repleta de avales, como los que uno encontraría en la contraportada de un libro. Tenía el respaldo de celebridades científicas como Craig J. Venter y Tim O'Reilly, que exaltaban su "gran" y "serio" compromiso con entender la inteligencia humana, sin mencionar los impresionantes 93 millones de euros que Johnson prometió invertir en Kernel.

Foto: Bryan Johnson. Crédito: Cortesía de Kernel.

La realidad es que conectarse al cerebro con un ordenador es difícil: los componentes electrónicos irritan el tejido cerebral y dejan de funcionar después de un tiempo. Probablemente nadie estaría dispuesto a someterse a una cirugía cerebral cuya única ventaja es poder enviar un correo electrónico con la mente. Además, incluso si se puede comunicar con el cerebro, podría resultar difícil entender qué está diciendo.

"Los multimillonarios que entran al campo de la neurotecnología son muy optimistas y pueden obviar detalles problemáticos, como el hecho de que falta muchísimo para entender el cerebro de verdad", afirma el neurocientífico de la Universidad Northwestern (EEUU) Konrad Kording, que ha sido uno de los consejeros de Johnson. "Pero la neurotecnología permite investigar las preguntas más interesantes del universo mientras se gana dinero, y eso es muy emocionante", añade. 

La imagen de Johnson se compone de una parte de misionario mormón (lo ha sido) y otra parte de vendedor a puerta fría de procesamiento de tarjetas de crédito (también lo fue). Pero ahora, con su nueva riqueza, también ha asumido el papel de profeta tecnológico. En una conferencia de start-ups celebrada en Silicon Valley en 2016, se presentó sin peinar, vestido con una camiseta con agujeros y dio una amplia ponencia sobre el uso de herramientas humanas desde la prehistoria hasta el presente. Durante su charla afirmó: "Nuestra propia existencia es programable" mediante la biología e interfaces de máquina.

La tecnología original de Kernel era una prótesis de memoria, desarrollada por el investigador de la Universidad del Sur de California (EEUU)  Theodore Berger, que hasta hace poco también era el director tecnológico de la empresa. La tecnología de Berger (ver Implantes de memoria) permite grabar los recuerdos de ratas y monos, almacenarlos en un chip informático y devolverlos al hipocampo. El investigador asegura que una versión de la tecnología ha sido probada en un puñado de pacientes humanos que tenían que someterse a cirugías cerebrales por otros motivos.

Pero tan sólo seis meses después de fundar Kernel, Berger ya no forma parte de la empresa, y los implantes de memoria ya no forman parte de los planes a corto plazo de la empresa. Tanto Johnson como Berger confirmaron la separación.

La visión de Berger, según varias personas, era demasiado compleja y especulativa y estaba lejos de convertirse en una realidad médica. Pero Johnson quería un retorno sobre su inversión a corto plazo. Berger detalla: "Tienen un nuevo rumbo, pero seguimos hablando. El motivo principal es que iba a tardar demasiado. Una cosa es planteárselo y otra muy distinta hacerlo".

Johnson llegó a la conclusión de que aunque el trabajo de Berger "es muy interesante, no representa un punto de entrada" a un negocio comercialmente viable.

Interfaz cerebral

Para el pasado mes de noviembre, Johnson ya estaba explorando un eje para su empresa cuando se reunió con el director de una pequeña start-up radicada en Cambridge (EEUU) llamada Kendall Research Systemas, que vende equipos para grabar las neuronas de ratones y otros animales pequeños. La empresa, dirigida por Christian Wentz, es una spin-off del laboratorio del profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) Edward Bovden, quien inventa nuevas maneras de analizar el tejido cerebral. 

En febrero, Johnson adquirió la empresa de Wentz (por una suma sin divulgar) y formó un equipo nuevo que incluye a Wentz y a Adam Marblestone, un destacado teórico tanto de las limitaciones como las posibilidades de las interfaces cerebrales, que se convertirá en director científico. Ambos son antiguos alumnos de Boyden, al igual que otros dos científicos de Kernel, Caroline Moore-Kochlacs y Jake Bernstein.

Johnson afirma que ahora Kernel se centrará en desarrollar una "plataforma de electrofisiología humana generalizada", es decir, una manera flexible de medir los impulsos eléctricos de muchas neuronas a la vez, y también de estimularlas. El objetivo final es emplear tales dispositivos electrónicos para tratar importantes enfermedades, como la depresión o el alzhéimer. El emprendedor afirma: "Es para usos clínicos, pero somos una empresa con ánimo de lucro".

Wentz acordó con Johnson que probablemente necesitarán muchas más labores de I+D sobre interfaces cerebrales. El investigador detalla: "Tenemos una perspectiva muy sobria sobre lo que se puede lograr y lo que no. No somos ingenuos". Califica el esfuerzo de Kernel de "emprendimiento de 15 años", aunque añade: "En este periodo queremos lograr lo mismo que se ha conseguido en los últimos 100 años".

Con este cambio de rumbo, Johnson en efecto se está aprovechando de una oportunidad generada por la Iniciativa BRAIN, un proyecto de la era Obama que financió nuevas iniciativas para grabar neuronas. Esa entrada de efectivo ha impulsado la formación de varias start-ups más, incluidas Paradromics y Cortera, que también están desarrollando un nuevo hardware para grabar las señales cerebrales. Como parte del proyecto cerebral gubernamental, la agencia de I+D del Departamento de Defensa de EEUU, DARPA (por sus siglas en inglés), afirma que pronto anunciará contratos por valor de unos 56 millones de euros como parte de un programa para desarrollar una intefaz cerebral de "alta fidelidad" capaz de grabar simultáneamente un millón de neuronas (el récord actual es de unas 200) y estimular 100.000 a la vez.

"Ha llegado la hora de que la neurociencia se gradúe de la academia y dé lugar a una plataforma general de neurociencia", afirma Johnson. Con tal tecnología, "se abriría todo un abanico nuevo de aplicaciones, un gran espacio en blanco".

Johnson no quiso describir los detalles del enfoque tecnológico de Kernel para conectar el cerebro, al igual que Boyden y Wentz. Sin embargo, los miembros del equipo han estado trabajando en problemas bien identificados. Wentz ha estado involucrado en el desarrollo de componentes electrónicos para leer los datos emitidos por implantes inalámbricos de alta velocidad. El flujo de informaciones del cerebro de un ratón que se puede registrar en tiempo real ya supera lo que un portátil puede procesar. El equipo también necesita una manera de interconectarse con el cerebro humano. El laboratorio de Boyden ha trabajado en varios conceptos para hacerlo, incluidas sondas con forma de aguja con diminutos electrodos incrustados en su superficie. Otra idea consistió en grabar la actividad neuronal al pasar diminutas fibras ópticas por los capilares del cerebro, una idea similar al lazo neuronal de Musk.

Las estrategias más sofisticadas para leer y escribir en el cerebro podrían llegar a ser útiles para tratar trastornos psiquiátricos. Bajo un concepto que Boyden llama "coprocesadores cerebrales", sería posible generar sistemas de bucle cerrado que detecten determinadas señales cerebrales, como por ejemplo las que están asociadas con la depresión, y envíe descargas eléctricas al cerebro para revertirlas. Algunos cirujanos y médicos financiados por otro programa de DARPA se encuentran en las primeras fases para determinar si los trastornos mentales graves pueden ser tratados de esta manera (ver Un 'chispazo' eléctrico en las profundidades del cerebro para curar la depresión).

Boyden asegura que los millones de Johnson marcan una gran diferencia en la manera en la que él y sus alumnos ven los objetivos del emprendedor. El investigador concluye: "Mucha neurotecnología ha llegado y ha desaparecido. Pero si hay algo cierto es que resulta muy cara. La invención es cara, el trabajo clínico es caro. No es fácil. Y aquí hay alguien que está metiendo dinero".

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