Biomedicina

El bebé salvado por una terapia de ARN marca una nueva era de fármacos

La atrofia muscular espinal no dejaría que Cameron celebrara su primer cumpleaños, pero un nuevo tipo de tratamiento basado en el ARN le ha devuelto la esperanza de vida. Y no es el único

  • Miércoles, 29 de marzo de 2017
  • Por Karen Weintraub
  • Traducido por Teresa Woods

Crédito: Leigh Webber.

Poco después de que Cameron Hardin se sometiera a la revisión del primer mes de vida, su madre, Alison, tuvo la sensación de que su recién nacido dejaba de moverse. Le desenvolvió de una manta y sus brazos se cayeron hacia un lado. No movía las piernas ni giraba la cabeza.

El diagnóstico: atrofia muscular espinal (AME). Se trata de una enfermedad heredetaria que destruye las neuronas motrices que controlan el movimiento y normalmente mata a los niños antes de alcanzar los dos años de vida. El caso de Cameron era tan grave que probablemente no llegaría a celebrar su primer cumpleaños.

Pero cuando alcanzó las siete semanas de vida, sus padres le apuntaron a un ensayo clínico con un fármaco experimental. En vídeos grabados dos meses más tarde, ya podía mover la cabeza y alzar la mano para agarrar un juguete. Ningún niño con su enfermedad había logrado una recuperación semejante.

El fármaco que recibió Cameron, Spinraza, fue aprobado en Estados Unidos justo antes de las navidades y podría convertirse en el primer superventas de un nuevo tipo de tratamiento: las terapias de ARN, bautizadas así por la molécula de mensajería genética que los compone.

Los fármacos compuestos de ARN llevan en desarrollo 20 años. Pero la increíble trayectoria de Cameron es una señal de que podrían estar listos para sumarse a otras sustancias farmacológicas y proteínas biotecnológicas similares para crear la próxima gran clase de tipos de fármacos, afirman sus defensores.

"Ahora mismo, las terapias de ARN son el futuro de la medicina", señala el investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (EEUU), Steven Dowdy. El experto reconoce no ser imparcial, ya que su laboratorio trabaja en el ARN, pero explica que los avances de la química por fin han conseguido que este tipo de fármacos sean viables. Dowdy añade: "Aún tenemos mucho trabajo por hacer, pero va a ser enorme".

Foto: Alison Harding y su hijo Cameron juegan en casa. Fue tratado en un ensayo clínico con un novedoso tipo de fármaco hecho de ARN. Crédito: Leigh Webber.

Algunos inversores comparten su opinión. La empresa privada Moderna Therapeutics ha recaudado más de 1.800 millones de euros para desarrollar una "plataforma" para inventar nuevos tratamientos de ARN. En general, hay más de 150 ensayos clínicos en curso que emplean el ARN para tratar el cáncer, las infecciones, los trastornos hormonales y enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Huntington.

Dentro de nuestras células, los genes de nuestro código genético se traducen en copias compuestas de ARN. Estas copias, a su vez, flotan dentro del cuerpo, donde sirven como la plantilla de datos para fabricar proteínas. La mayoría de las pastillas de farmacia actúan directamente sobre las proteínas. La terapia génica, por el contrario, intenta reemplazar las instrucciones del ADN por otras instrucciones nuevas.

En lugar de eso, los fármacos como Sprinraza emplean el ARN para bloquear, modificar o añadir elementos a los mensajes existentes de ARN dentro de una célula. El mayor desafío de este enfoque, según Dowdy, es que las células evolucionaron hace miles de millones de años para excluir al ARN de su entorno. Los químicos de las farmacéuticas han dedicado muchos años de trabajo para superar este problema de "entrega". 

Aunque la ciencia del ARN ha evolucionado desde la década de 1960 al son de varios Premios Nobel, su camino hasta la aplicación clínica no han ido tan rápido. La empresa Ionis, conocida entonces como Isis Pharmaceuticals, logró la primera aprobación de un tratamiento de ARN en 1998 para contrarrestar un virus ocular que afecta a los pacientes de SIDA. Pero el fármaco se volvió irrelevante cuando los cócteles farmacéuticos contra el VIH empezaron a demostrar su eficacia.

Los fármacos de ARN también han provocado graves efectos secundarios, y varios han sido retirados de la fase de pruebas en humanos debido a preocupaciones de seguridad. En octubre, la empresa de biotecnología Alnylam tuvo que parar un gran estudio con Revusiran después de unas muertes por causa desconocida en voluntarios que recibían un tratamiento para una enfermedad metabólica hereditaria, la amiloidosis cardíaca por transtiretina.

Alnylam, que trabaja en una técnica para bloquear los mensajes de ARN, ha invertido casi 1.400 millones de euros desde su fundación en 2002 y aún está trabajando en su primer producto. En enero, en un trabajo publicado en la revista New England Journal of Medicine, demostró que uno de sus fármacos puede reducir el nivel de colesterol durante seis meses con una única inyección.

Foto: Una imagen de la unión entre las fibras nerviosas y los músculos de un ratón. Crédito: Leigh Webber.

La exdirectiva de Alnylam Rachel Meyers explica que un problema asociado a los fármacos de ARN es que las empresas han intentado emplearlos para tratar enfermedades para las que existen otras opciones. En lugar de eso, la experta considera que las terapias de ARN tendrán más éxito en situaciones como la de Cameron, que no pueden ser tratadas fácilmente de ninguna otra manera. Meyers explica: "El oscuro secretito de las terapias de ARN es que la mayoría de la gente trabaja en áreas donde ya existe competencia y otras moléculas funcionales. Pero son aquellas [enfermedades] que no disponen de una buena alternativa con las que dices: 'Dios mío, realmente podemos cambiar el mundo o la vida de alguien con esto'". 

El fármaco de Ionis, que está siendo comercializado por su socio, Biogen, funciona por medio de un mecanismo llamado "antisentido". Se compone de una hebra de ARN químicamente mejorada que, al emparejarse con una copia espejo presente en las células de Cameron, permite que su cuerpo produzca correctamente una proteína que sus células nerviosas necesitan.

El año pasado sólo se aprobaron dos fármacos con este mismo enfoque en Estados Unidos. El otro, Exondys 51, desarrollado por Sarepta Therapeutics, fue aprobado para tratar la distrofia muscular después de que los padres de niños afectados empezaran a hacer presión. Los progenitories insistieron a la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos para que permitiera su entrada al mercado a pesar de las limitadas pruebas de sus beneficios.

Pero esas preguntas no se están aplicando al fármaco que recibe Cameron. Un experto afirma que efectos son "estilo Lázaro" (un personaje bíblico que resucitó de entre los muertos), pero ni es tan simple ni ofrece una cura permanente. El tratamiento se aplica mediante una punción lumbar que se realiza cada cuatro meses, algo a lo que Cameron tendrá que someterse durante el resto de su vida. El coste de las inyecciones: unos 350.000 euros al año

El caso de Cameron "es un vistazo a un futuro bastante profundo, al menos para los trastornos graves del sistema nervioso central", afirma el vicepresidente ejecutivo de Biogen, Michael Ehlers. 

El próximo paso para el pequeño paciente no está claro. Puesto que Spinraza sólo empezó a probarse en niños hace cinco años, los médicos no están seguros de qué pasará a medida que Cameron crezca. El vicepresidente ejecutivo de investigaciones de Ionis, C. Frank Bennett, explica que están estudiando los resultados de administrar el fármaco cuanto antes, incluso justo después del nacimiento, antes de que aparezcan los síntomas. De momento, los niños tratados con el fármaco han superado sus hitos normales de crecimiento al darse la vuelta y gatear a edades normales.

La madre de Cameron, una empleada del departamento técnico de un banco, explica que su hijo sigue aprendiendo a controlar sus músculos para caminar. Hardin afirma: "[Es] muchísimo trabajo. Si hay algo que he aprendido durante los últimos tres años es que la medicación no funciona por sí sola. Si no trabajas los músculos, no lograrás progresos". El niño tiene un fisioterapeuta, un terapeuta ocupacional, una logopeda, un terapeuta de natación y un quiropráctico además de "muchas citas con médicos".

Ahora que habla sin parar, la logopeda de Cameron intenta que sus palabras resulten más fáciles de entender. Aún no ha aprendido a controlar sus músculos faciales. Pero los laterales de su boca se contraen un poco cuando está contento. Es el principio de una sonrisa.

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